En el sur cordobés, con Dekalb siempre y en todas las circunstancias

En una zona semiárida, con todas las dificultades que eso plantea, la ingeniera agrónoma Paola Gallo es apasionada por la marca. Siembra más de 1.000 hectáreas de maíz y destaca a esta genética por rinde, sanidad y estabilidad.

Casi finalizando la cosecha de maíz en la zona sur de la provincia de Córdoba, Paola Gallo hace un balance de la campaña. Es ingeniera agrónoma, apasionada de Dekalb y hace más de veinte años tomó la posta de la empresa agropecuaria familiar, que tiene una historia de siete décadas. 

Actualmente, desde su base en General Levalle, trabaja 1.100 hectáreas propias, de las cuales 400 son destinadas a ganadería y 700 a la agricultura, y además es parte de dos grupos de siembra que trabajan en su localidad, en Adelia María, Laboulaye y Serrano.

“Como en la zona los inviernos son secos, la rotación predominante es maíz-soja y solo en un 10% de la superficie hacemos trigo-soja”, cuenta la ingeniera.

El manejo de cultivos es de punta: incluye la nutrición balanceada y el control de malezas, para el que han incorporado cultivos de cobertura como el centeno, ya que con los químicos no están logrando un control suficiente. 

Asimismo, desde hace un tiempo comenzaron a dar los pasos necesarios para trabajar con agricultura por ambientes y agricultura digital en un futuro cercano. Un combo potente para el maíz.

Además de su propio campo, Paola tiene una participación en la firma Tierra Sur SRL, con la que en la campaña que está terminando sembraron 300 hectáreas de maíz tardío con DK 70-20. Lograron un rinde de nada menos que 10.000 kg/ha.

Además, participa de otro grupo de siembra en el que también apostaron fuerte por Dekalb: sembró 820 hectáreas de DK 70-20, unas 200 de DK 72-10, casi 300 de DK 73-20 y 50 hectáreas de DK 72-27. 

 
Con toda esa experiencia a cuestas, lo dice convencida: “No tenemos dudas de que los materiales Dekalb son de excelencia, en todos los aspectos, incluyendo rendimiento, sanidad, fortaleza, con especial hincapié en el mal de Río IV, una problemática muy importante en la zona”.

 

Agrega que “hay pocos materiales competidores que puedan compararse”Y explica que “aquí estamos en una zona semiárida, que suele padecer contingencias climáticas por falta de lluvias o presencia de enfermedades, y en esos casos los híbridos Dekalb expresan todas sus cualidades y su estabilidad”.

En ese sentido, en esta campaña sembró en su campo 300 hectáreas de maíz, 150 de ellas con DK 73-20, en fechas de primera, pero reconoce que obtuvo un resultado menor al esperado debido a la sequía que afectó a los cultivos implantados en esa fecha en la zona.

 En el resto de la superficie utilizó DK 70-20 en fechas de siembra tardía y, aunque el agua tampoco fue la ideal, alcanzó muy interesantes promedios de 8.500 kg/ha. 

En cuanto al manejo, explicó que aplicaron “fosfato diamónico a la siembra y refertilizamos con urea de sexta hoja en adelante”, explica Paola.

Con gran experiencia en la producción agropecuaria y un camino de expansión que continúa, Paola viene trabajando a fondo con los híbridos Dekalb desde hace veinte años. 

Está convencida de lo que hace. Y dice que se trata de maíces que le han resultado garantía de buena cosecha, en todos los terrenos y en todas las circunstancias productivas, aun en las no tan fáciles, como las de este año.

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