LA GENÉTICA DEKALB SE ADAPTA Y RINDE EN TODOS LOS AMBIENTES PRODUCTIVOS 

En la campaña 19/20, Marcos Rosso sembró 600 hectáreas de maíz cerca de Tres Arroyos. Con densidades ajustadas por ambiente, logró ganar estabilidad, mejorar los rindes y, así, una rentabilidad muy atractiva para el cultivo. Cómo lo hizo.

 

Marcos Rosso DK

 

Marcos Rosso es ingeniero agrónomo y productor desde hace muchos años y actualmente trabaja sobre campos arrendados en las localidades de Oriente y Copetonas, en los partidos de Coronel Dorrego y Tres Arroyos respectivamente, bien en el sur de la provincia de Buenos Aires, donde siembra junto a sus socios unas 900 hectáreas de trigo y cebada, 600 de maíz y 300 de soja. 

El sudeste bonaerense es una zona considerada históricamente como solo propicia para cultivos de granos finos. Pero hace 12 años el maíz comenzó a ganar terreno en las rotaciones de Rosso en la zona, de la mano de un manejo diferente y de los híbridos Dekalb. 

“Como es una zona muy marginal, donde se siembra mucho trigo y cebada y hay ganadería, el maíz entra en la rotación porque tiene múltiples destinos: se puede vender como grano, cosecharlo húmedo para suplementar a los animales o destinarlo a silo”, explica el productor.

Y agrega que tienen una ventaja adicional: que están a solo 180 kilómetros del puerto de Bahía Blanca.

Con todos esos elementos, Rosso pensó que había que buscar un esquema que le diera estabilidad y buenos rendimientos al maíz en la zona. Junto a Dekalb, lo logró.

 
“Hacemos la siembra en fecha tardía, a principios de diciembre, para que la floración se produzca en febrero, escapando a las condiciones críticas climáticas que tenemos en esta zona en enero”, introduce el ingeniero.

 

Y luego se mete en un tema clave para el manejo maicero en la región. “Cuando empezamos hace 12 años, la densidad ideal era de 25.000 plantas por hectárea. Cualquiera que haga maíz en un área más central del país quizás se ría, pero esa fue la densidad que nos permitió sembrarlo en esta zona y tener un negocio sustentable”, rememora. 

El productor comenta que, en ese contexto, los híbridos de DEKALB fueron clave para la entrada del cereal en la región.

“Sembrábamos el viejo DK 670, un híbrido muy plástico y rústico, que nos dio la posibilidad de comenzar. Hoy, tantos años después, estamos usando el DK 69-10, de ciclo intermedio-corto, el DK 70-20, y los más nuevos DK 72-10 y DK 73-20, que nos permitieron ir aumentando la densidad de plantas”, cuenta el productor.

 

 

Con estos híbridos, la densidad de plantas pasó a 30.000 y 35.000 por hectárea. “En años buenos hemos cosechado hasta 9.000 kg/ha promedio, un número que es excelente para la zona”, dice, pero reconoce que no es fácil dada la variabilidad climática.

De todas formas, asegura que Dekalb le ha permitido lograr buena estabilidad a lo largo de los años y en ambientes muy restrictivos.

Cuando se analizan los costos de hacer maíz en la zona esos rendimientos aparecen como más interesantes todavía. Rosso sostiene que el rinde de indiferencia está en torno a 4.000 kg/ha, incluyendo arrendamiento, fertilizantes, semillas, labores, cosecha, fletes y comercialización. 

 
“Si cosecho 6.000 kilos por hectárea estoy obteniendo casi 50% de rentabilidad”, resume y entusiasma. 

 

Rosso comenta que también hay otras razones por las que elige los híbridos de DEKALB para su planteo: son prolíficos, no macolladores y tienen “muy buena espiga”.

Pero, sobre todo, hace hincapié en un dato clave para la zona: “la estabilidad entre las campañas y en las distintas zonas, ya que puedo sembrarlos en Coronel Dorrego o en Tres Arroyos, dos localidades en las que me han permitido mantener la producción a través de varios años”. ©

 

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