Por la expansión del maíz, la agricultura argentina es cada vez más sustentable

Agustín Tejeda, economista jefe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, explica que el maíz (y también el trigo) sumaban cerca de 30% del área sembrada en 2016 y que hoy ya superan el 40%. Además, en maíz, crece el porcenteje de productores que utilizan planteos de alta tecnología. En 10 años, el país podría producir 70 millones de Ton. del cultivo.

 

 El maíz viene creciendo fuerte en los últimos años en el mix de cultivos que tienen los productores argentinos y lo seguirá haciendo aún más. Así lo sostuvo Agustín Tejeda, economista jefe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, entidad que lleva minuto a minuto los datos de crecimiento del cereal.

“La eliminación de las retenciones en diciembre de 2015 significó el comienzo de un boom para los cereales, sobre todo el maíz y el trigo”, arrancó Tejeda, quien tiene a su cargo el Departamento de Estudios Económicos y Estimaciones Agrícolas de la reconocida entidad.

En ese contexto, hay un dato que marca a las claras el gran aporte del maíz a la creciente sustentabilidad de la agricultura argentina: en la campaña 2015/16, antes de que cambiaran las reglas impositivas, los cereales representaban cerca del 30% del área agrícola sembrada. En la campaña pasada, la 2017/18, su participación superó el 40% y luego siguió creciendo.
En el caso del maíz, DEKALB hizo un aporte estratégico a ese crecimiento, ya que tiene los híbridos más sembrados del país.

“Tal como veníamos, con soja sobre soja, estábamos generando una presión sobre el uso de los suelos con consecuencias muy negativas”, consideró Tejeda.

En cuanto al crecimiento del maíz, detalló que en la campaña 2016/17 la superficie sembrada creció un 30% con respecto a la anterior y que en las dos siguientes la expansión fue superior al 5% en cada una.

“El primer salto se explica porque, al eliminarse las retenciones y otras restricciones a la exportación, hubo un aumento muy fuerte en los precios locales, ante lo cual el productor argentino respondió con más superficie y volumen de producción”. 

 

En paralelo con el incremento del área implantada con maíz, creció también la tecnología utilizada en el cultivo. Muchos productores pasaron de tener planteos defensivos a otros de mayor inversión apuntando a más altos rendimientos.
Así lo determinó el Relevamiento de Tecnología Agrícola Aplicada (ReTAA), que lleva a cabo la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.

“Está claro que hubo una mejora muy grande en el tipo de paquete tecnológico utilizado para hacer maíz: cada año hubo más productores que sembraban con esquemas de baja y media inversión que pasaron a usar otros más ambiciosos”, resume Tejeda.

En concreto, en la campaña 2014/15, sólo el 39% de los productores que sembró maíz utilizó un nivel tecnológico alto, pero en la campaña 2017/18 ese porcentaje ya había crecido a 55%. Luego, en el ciclo siguiente (el que está terminando), la tendencia se profundizó, aunque el detalle de los números todavía no está disponible.

“Más superficie maicera y, además, hecha con más tecnología, no solo significa un incremento en los volúmenes de producción, como estamos viendo, sino también un aumento muy importante en la sustentabilidad del sistema agrícola y el cuidado del medio ambiente”, analiza Tejeda.

Pero, más allá de la expansión que ha registrado el cultivo en los últimos años, es enorme el futuro que tiene para seguir creciendo.

“Puede tener un salto muy considerable todavía en rendimientos y producción, aun sin un fuerte crecimiento del área sembrada, si se brindan los estímulos necesarios para que los productores sigan pasando de esquemas de baja y media tecnología a los de alta”, explica el especialista.

Según las estimaciones que tienen en la Bolsa de Cereales, de aquí a diez años “el maíz podría estar produciendo casi 70 millones de toneladas si los productores de cada región solamente utilizaran los esquemas tecnológicos a los que ya recurren los que son de punta en cada una de ellas”.
Está claro que el cultivo tiene mucho para crecer. Y por distintos caminos. En todos ellos, la mejor genética maicera, y la más sembrada del país, la de DEKALB, tiene un aporte muy importante para hacer.

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